Un poco de historia

Batala es una forma de percusión samba-reggae nacida en París en 1997 de la mano de Giba Gonçalves, un brasileño afincado en Francia que trajo consigo los ritmos de su Salvador de Bahía natal y que posteriormente ha ido extendiéndose por Europa y el resto del mundo. Actualmente está presente Francia, España, Reino Unido, Austria, Holanda, Bélgica, Angola, Sudáfrica, Brasil, Estados Unidos y Australia.

El sonido Batala es el de la samba-reggae, una forma de batucada emparentada con el movimiento tropicalismo de los años 60 y 70 que se combinó con la samba, rock, funk, jazz y más tarde con el reggae. Fue el mensaje del reggae del orgullo negro y de la esperanza ante las adversidades lo que tocó la fibra sensible de la población principalmente negra. El responsable de este desarrollo fue Neguinho de Samba, director musical de Ilê Aiyê , que en 1974 se convirtió en el primer grupo negro de tocar en el Carnaval de Salvador. Neguinho tomó los sonidos combatientes de Ilê Aiyê que había creado y los mezcló con los ritmos poco convencionales de los registros de reggae que estaban empezando a ser escuchados en Salvador a finales de los 70, lo que supuso una vuelta de tuerca a la tradicional samba de roda bahiana.

A mediados de los ochenta Neguinho fundó Olodum, donde llevó el concepto a buen término, centrando la atención mundial y creó el molde que sería la plantilla para la samba- reggae y el Carnaval Salvador. Después de salir de Olodum creó un bloco-afro femenino llamado Banda Dida Femina, que ayudó con éxito en la defensa de los derechos de las mujeres. Más tarde fundó una escuela musical para niños locales, que apoyó con el dinero de sus derechos de autor.

Hoy en día, Batala es una gran familia formada por más de veinte bandas que agrupan a lo más diverso de las nacionalidades, constituyéndose en algunos lugares como poderosas fuentes de intercambio cultural y lingüístico. Las bandas se reunen regularmente en eventos de marcada importancia internacional como los carnavales de Brasil, Notting Hill y Rotterdam en los que prima un ambiente de hermandad empapado de la hipnótica sensación que producen cientos de tambores al ritmo de la samba salvadoreña.